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Las Patentes del ADN Crean Monopolios en los Organismos Vivos

el Concejo Para una Genética Responsable (Council for Responsible Genetics, CRG)

articlehighlights

Patentar formas de vida debería no debería ser considerado ético porque:

  • Promueve la biopiratería de recursos indígenas
  • Transforma las formas de vida en comodidades para hacer ganancias
  • Obstaculiza la libre investigación científica
  • Destruye el sostén económico de las naciones en vías de desarrollo

April 2000

Nota del Editor de ActionBioscience.org (Junio 2002): El número de patentes en organismos vivos y sobre sus partes continúa creciendo. Las investigaciones por el grupo internacional ActionAid durante el año 2002 revelaron que seis compañías de agroquímicos poseen más de 900 patentes sobre las variedades de los cinco principales cultivos básicos del mundo.1 El año anterior, la Oficina de Patentes de los EE.UU. otorgó 20.000 patentes sobre genes y existen otras 25.000 patentes pendientes.2
1) Charnas, R. 2002. “No patents on life: Working group update.” GeneWatch, 15:3.

2) Albright, M., 2002. “The end of the revolution.” GeneWatch, 15:3.

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El árbol de neem estaba en disputa legal entre India, donde crece, y una compañia americana the reclamaba la patente del compuesto del árbol. Foto: Flores del árbol de neem por Oksana Hlodan.

Células, bacterias e incluso extractos de plantas han sido patentados.

Genes a la venta

Células del bazo humano … ratones que están genéticamente predispuestos al cáncer … bacterias que pueden digerir aceites o petróleo … un extracto de un árbol nativo de la India … Estos ejemplos poseen por lo menos dos características en común:

  • Ellos están derivados de organismos vivos; y
  • Ellos han sido patentados como “inventos humanos.”
Han sido asignadas patentes a partes o a todo un organismo viviente.

El rápido desarrollo de la biotecnología en la última década ha permitido a las corporaciones y a los científicos alterar el trabajo único de la naturaleza para su explotación comercial. Una estrategia importante para la explotación privada en esta área es el obtener los derechos de patente sobre un organismo o sobre sus partes. Dado que estos desarrollos afectan a toda la sociedad, debemos decidir si alguna corporación, institución o individuo puede tener el derecho de posesión sobre la vida.

¿Por qué patentar?

Las patentes aseguran ganancias a través de los monopolios.

Históricamente, las patentes se desarrollaron para asegurar que los inventores pudieran compartir o participar en las ganancias monetarias y en los beneficios derivados del uso de sus invenciones. Con el desarrollo de la corporación moderna, los derechos de patente fueron siempre asignados a la compañía en vez de a un individuo. Esto le da al dueño de la patente una forma de control de monopolio por 20 años después de haber presentado la patente y crea una forma legal de limitar la competencia. En general, los inversionistas privados consideran a esos monopolios como favorables a sus intereses, de manera que en muchas industrias las patentes ayudan al desarrollo de nuevos productos.

Las primeras patentes sobre la vida

Desde 1980, las formas de vida dejaron de ser consideradas productos naturales para ser ahora comodidades o productos.

Por más de doscientos años, los organismos vivos han sido excluidos de las leyes de patentes; las formas de vida fueron consideradas como “un producto de la naturaleza” y no un invento humano. El estatus no patentable de los organismos cambió en 1980 con el caso mayor Diamond vs. Chakrabarty de la Corte Suprema de los EE.UU. La corte decidió, por decisión dividida 5 a 4, que una variedad de bacteria que había sido modificada por la inserción de nuevos genes era patentable, dado a que no ocurría naturalmente. Los genes foráneos le daban a la bacterias la habilidad de descomponer a los hidrocarburos y sus “inventores” esperaban que esto sería útil en la limpieza de derrames de petróleo.

Hoy en día es posible patentar a especies enteras de microorganismos.

Las sociedades industriales siempre han permitido la pertenencia de animales individuales. Sin embargo, hasta muy recientemente, ninguna corporación, institución o individuo podía tener derechos a una variedad o especie completa de organismos, ni tampoco podían patentar a componentes de esos organismos, tales como células, genes o proteínas. Todos estos elementos son parte de nuestra herencia viva global. El permiso de obtener derechos de patente sobre microorganismos y la presión creciente de las industrias de biotecnología comenzaron una progresión peligrosa hacia las patentes sobre formas de vida más complejas.

Patentes sobre la vida

Los ratones genéticamente modificados han sido patentados como “invenciones.”
  • Patentes sobre la vida animal: en 1988, un biólogo de la Universidad de Harvard recibió una patente sobre un ratón que había sido modificado para aumentar su susceptibilidad al cáncer. El “Oncoratón de Harvard” se convirtió en el primer animal considerado como un invento por la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de los EE.UU. Este caso estableció un precedente dentro de los procedimientos de patente para poder patentar a animales genéticamente modificados. A pesar de que esta investigación tenía como propósito el beneficio a la salud humana, la duda aún existe sobre la ética de patentar a organismos vivos complejos. El Congreso de los EE.UU. nunca ha abordado explícitamente la cuestión de si los genes y las células animales pueden ser propiedad de una corporación.
Otra persona puede ser dueño de tus genes, células o tejidos.
  • Patentes sobre la vida humana: Un aspecto alarmante del patentado de la vida es el patentado de los genes, las líneas celulares y los tejidos humanos. Los abogados de patentes de las corporaciones han presionado a la Oficina de Patentes diciendo que estos “productos de la naturaleza” son patentables una vez que ellos han sido aislados para producir una forma que no existe fuera del laboratorio. Por ejemplo, en 1976, un paciente con leucemia llamado John Moore tuvo una operación en la Universidad de California para que se le removiera su canceroso bazo. La Universidad recibió más tarde una patente sobre una línea celular llamada “Mo,” proveniente del bazo mencionado, la cual podía ser usada para producir proteínas de valor. El valor comercial a largo plazo de esta línea de células se estimó en más de mil millones de dólares. El Sr. Moore demandó por el regreso y el control de sus fragmentos corporales (las células), pero la Corte Suprema de California decidió que él no tenía ningún derecho sobre sus propias células luego de que éstas fueron removidas de su cuerpo.
El intercambio de semillas y de algunas plantas ya no es posible porque ellas han sido patentadas.
  • Patentes sobre cultivos alimenticios: Los agricultores norteamericanos y los consumidores a lo largo de este siglo han luchado en contra de la inclusión de cultivos alimenticios bajo la legislación de patentes. El control por parte de corporaciones sobre las variedades de las plantas ha sido considerado contrario al interés de la población en general. El patentar a la vida vegetal también intensificará la inigualdad entre las naciones en desarrollo y las naciones industrializadas. El intercambio abierto de semillas y de material vegetal durante varios siglos le ha dado a los EE.UU. y a Europa alimentos tales como las papas y los tomates de Latinoamérica, la soya de la China y el trigo, el centeno y la cebada del Medio Oriente, para nombrar a unos pocos. El mundo en desarrollo nunca ha recibido compensación o reconocimiento por estas contribuciones intelectuales y tecnológicas. El patentado de la vida vegetal va a exacerbar esta inigualdad. Mientras que las innovaciones logradas a lo largo de los siglos por agricultores indígenas han creado a la mayoría de los cultivos que se producen hoy en día, los pequeños ajustes de las compañías agrícolas les permiten obtener derechos sobre una planta como si fuera su propio invento, y recibir así todas las ganancias de su uso. Este “biocolonialismo” continuará el patrón de varias corporaciones transnacionales que actualmente se benefician a costa de un gran número de agricultores indígenas.
La bioprospección, o la recolección de productos naturales, es ahora un gran negocio.

La búsqueda de nuevos genes a ser explotados para obtener ganancias monetarias es considerada como una vasta frontera nueva para la ciencia y para la industria. Los “bioprospectores” están minando los ricos recursos genéticos del Tercer Mundo en busca de compuestos farmacéuticos y de otros productos, a menudo utilizando el conocimiento indígena como su guía. Como resultado, las comunidades indígenas pueden terminar pagando derechos o regalías por productos basados en las plantas y en el conocimiento que ellos han venido utilizando por siglos.

Buscando por todo el mundo

¿Son necesarias las patentes para proveer incentivos a los científicos y a la industria?

A medida que se identifican nuevas secuencias del ADN en nuestros cromosomas, los científicos con tendencias empresariales están solicitando patentes para poder tomar derechos exclusivos sobre la investigación y la ganancia monetaria que pueda venir de estas miles de secuencias genéticas. La Organización del Genoma Humano (HUGO, en sus siglas en inglés) es una organización internacional por membresía, formada por científicos individuales dedicados a coordinar los esfuerzos en la investigación genómica. Recientemente, HUGO preparó un comunicado en favor de los derechos de aquellos que han determinado las funciones biológicas o los productos de los genes para patentar su trabajo. Ellos declaran que las patentes son necesarias para proveer incentivos financieros a los científicos para que lleven a cabo investigaciones significativas. La pregunta es, ¿Tienen derecho los biólogos moleculares a poseer a los genes de sus investigaciones?

Un proyecto de banco de genes busca preservar los genes de culturas que están desapareciendo.

Un proyecto asociado con HUGO es el Proyecto de Diversidad del Genoma Humano. Designado por sus críticos como el “Proyecto Vampiro” este estudio busca tomar muestras de sangre, pelo y células provenientes de hasta 700 comunidades indígenas de todo el mundo. La meta expresada es la de obtener información genética de comunidades indígenas que se están “desvaneciendo” antes de que esta gente desaparezca como resultado de la industrialización y de la represión política. Muchos grupos indígenas están indignados por la idea de que los científicos puedan patentar sus genes sin el consentimiento de las comunidades de origen. Todos los grupos meta están de acuerdo en que el objetivo de la preservación cultural puede lograrse por métodos mejores que simplemente mantener sus genes congelados en un museo de tejidos de laboratorio. El Jefe Leon Shenandoah del Concejo Onondaga de Jefes dijo en una carta a la Fundación Nacional de Ciencias de los EE.UU.: “Si existe una preocupación sobre nuestra desaparición, entonces ayúdennos a sobrevivir bajo nuestros propios términos.”

El árbol de Gandhi: un caso de biopiratería

El árbol de neem, nativo del sub-continente de la India, tiene una miríada de aplicaciones en la medicina ayurvédica tradicional de la India, en la medicina tibetana, en la agricultura y en el uso doméstico, así como también en sentido simbólico como el “árbol favorito de Gandhi.” Sus usos beneficiales se conocen a lo largo de la India. Su nombre científico, Azadirachta indica, se deriva del persa, donde quiere decir “el árbol gratis” dado que hasta las familias más pobres tienen acceso a sus propiedades beneficiales.

Una corporación trató de patentar un compuesto del árbol de neem, la cual provee beneficiosos a grandes poblaciones.

Sin embargo, es posible que los ciudadanos de la India puedan requerir en un futuro cercano que se les paguen regalías sobre los productos producidos del neem, dado que una patente ya ha sido otorgada a una compañía de los EE.UU. llamada W.R. Grace sobre un compuesto del árbol (la azadiractina) usado en la producción de un biopesticida. En 1993 más de 500.000 agricultores del Sur de la India hicieron una demostración en protesta de las patentes foráneas sobre plantas como el neem y comenzaron así un movimiento nacional de resistencia. Bajo los acuerdos de mercado libre tales como el GATT (Acuerdo General sobre Tarifas e Intercambio, o General Agreement on Tariffs and Trade), los países del mundo en desarrollo sentirán una fuerte presión para implementar sistemas de patentes similares a las de los EE.UU. Las corporaciones multinacionales pueden obtener grandes ganancias con sus “descubrimientos” mientras simultáneamente privar a las comunidades que han desarrollado y mantenido este conocimiento por siglos de la capacidad de decidir cómo les gustaría utilizar sus propios conocimientos y sus propias especies nativas.

La CRG se opone a todo tipo de patentes sobre la vida

Las patentes sobre formas de vida hacen daño a la investigación, a las economías indígenas y a la diversidad genética.

Ningún individuo, institución o corporación debería tener el derecho de reclamar como suya a las especies o variedades de los organismos vivos. Tampoco deberían ellos poder tener patentes sobre órganos, células, genes o proteínas, ya sea que ocurran naturalmente, o que sean genéticamente alteradas o modificadas de otras maneras. Nuestras razones son las siguientes:

  • Las patentes hacen que productos importantes se hagan más costosos y menos accesibles. La industria de la biotecnología declara que las patentes son necesarias para que se puedan desarrollar tecnologías innovadoras que puedan salvar vidas. En realidad, las patentes le permiten a las compañías crear monopolios sobre productos, permitiendo los precios artificialmente altos. Como resultado, productos como drogas o medicinas son vendidos a precios fuera del alcance de muchos de los que las necesitan.

  • Las patentes en la ciencia promueven los secretos e interfieren con el intercambio de información. Al patentar los productos de las investigaciones, se reduce el libre intercambio de ideas y de información necesarias para los esfuerzos científicos en colaboración. Los materiales científicos requeridos para la investigación se hacen más costosos y difíciles de obtener si una corporación posee los derechos al material.

  • Las patentes explotan a las investigaciones pagadas por los contribuidores de impuesto. El desarrollo de la biotecnología se apoya en 50 años de investigación biomédica financiada por fondos federales. Las corporaciones pueden obtener ganancias de sus productos patentados al cobrar precios altos a los ciudadanos cuyos impuestos apoyaron a las investigaciones y al desarrollo de los mismos productos. En forma injusta, se le está diciendo a los ciudadanos que paguen dos veces por las medicinas y por los productos.

  • Las patentes promueven políticas agrícolas insostenibles y desiguales. Un resultado de las patentes sobre los cultivos alimenticios podría ser un declive desastroso en la diversidad genética. La diversidad genética inherente en los sistemas vivos hace difícil la defensa de demandas sobre patentes. El desarrollo de organismos genéticamente uniformes haría más fácil a las corporaciones el mantener sus reclamos sobre patentes. Las compañías de biotecnología que poseen patentes de amplio espectro sobre cultivos alimenticios pueden atraer a los agricultores a crecer variedades modificadas bajo la promesa de rendimientos más altos y de resistencia a las enfermedades. Sin embargo, existen numerosos ejemplos en todo el mundo que muestran que estas variedades “mejoradas” han fallado en cumplir las promesas de las corporaciones, llevando a la pérdida de la rica diversidad de variedades de los cultivos tradicionales.

  • El patentado por parte del “Primer Mundo” de los recursos genéticos del “Tercer Mundo” constituye un robo de los recursos comunitarios. Las patentes obtenidas por los países industrializados sobre recursos de países en desarrollo servirá al Norte como un vehículo para acumular más riqueza a costa del ya empobrecido Sur. Los microorganismos, las plantas, los animales y hasta los genes de las poblaciones indígenas han sido patentados para la producción de productos farmacéuticos y de otros tipos. Se considera como un robo el requerir que las naciones en desarrollo le paguen regalías a los países ricos industrializados por los productos derivados de sus propios recursos naturales y de su propia innovación.

Conclusión: Las patentes en formas de vida son éticamente y moralmente inaceptables.
  • Las patentes sobre los organismos vivos son moralmente objetables para mucha gente. El patentar a los organismos y a su ADN promueve el concepto de que la vida es un producto comercial y el punto de vista de que los organismos vivientes son “máquinas productoras de genes” a ser explotados para la ganancia económica. Si es ahora posible considerar a un animal modificado como un invento, ¿no seguirán pronto las patentes y el mercadeo de las células reproductivas humanas? Las patentes se derivan de los conceptos de innovación individual y de posesión, los cuales pueden ser conceptos extraños para las culturas que enfatizan el compartimiento de los recursos comunales y el libre intercambio de semillas y de conocimientos.

El Concejo para una Genética Responsable (CRG), fundado en 1983, es una organización nacional (EE.UU.) sin fines de lucro formada por científicos, voceros de la salud pública, doctores, abogados, ambientalistas y otros ciudadanos conscientes. El CRG monitorea el desarrollo de nuevas tecnologías genéticas en dos áreas principales: la genética humana y la biotecnología comercial y el medio ambiente. El trabajo actual de la CRG incluye la creación de un modelo legislativo y la provisión de educación ambiental. Además, la CRG publica un boletín bimensual llamado GeneWatch que continua el monitoreo de los impactos éticos, sociales y ecológicos de la biotecnología.
http://www.gene-watch.org/

Las Patentes del ADN Crean Monopolios en los Organismos Vivos

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